LA RIGIDEZ

Los programas rígidos no sólo obstaculizan el crecimiento personal, sino que limitan a nuestro entorno inmediato. Resistirse a cambiar es un rechazo a la evolución y se gesta por un miedo a renunciar a nuestros apegos. Uno no puede aprender de lo nuevo, ni volverse creativo, si no suelta. Los hábitos, los hábitos adquiridos y condicionados nos mantienen en una cárcel de ignorancia, sin poder alzar el vuelo hacia nuevas realidades, como si de cuerpos mecánicos se tratara. El velo teñido de la realidad nos sumerge en una hipocresía tal que, nuestros apegos socavan la convivencia con el otro. La rigidez nos reduce la visión, convirtiéndonos en intolerantes con lo de afuera e incapaces de ver la paja en nuestro ojo; totalmente dependientes de aquello que son «mis valores» . Una mirada taxativa a la que sucumben los más complacientes. Un rígido sólo se escucha así mismo y a sus normas sin sentido. Este viejo instinto de supervivencia nos habla de la incapacidad de aceptar el movimiento constante de la vida, y sostiene la creencia de que las cosas y las personas nos pertenecen. Un rígido se vuelve adicto a sus valores, hasta tal punto que moriría por ellos. Tienen la necesidad de eliminar la incertidumbre de sus vidas y anticipan una respuesta (aunque no sea cierta) con el fin de reafirmarse en lo conocido, ya que les da seguridad. En definitiva, cerrados de mente apegados a un patrón antiguo. 

  Soltar la rigidez nos permite:

▪️Mirar comprensivamente 

▪️Explorar todas las posibilidades, conocidas y por descubrir 

▪️Abrirnos a la vida con flexibilidad 

▪️Tener en cuenta las necesidades que de verdad importan 

▪️Despedir a nuestro dictador interno y fluir en cada momento como requiera la situación

▪️Apertura mental para ver diferentes enfoques 

«Hay más en la superficie de lo que nuestra mirada alcanza»__ Aaron Beck