LA CRÍTICA Y EL MIEDO A LA CRÍTICA 

Cada vergüenza que experimentas, te hace humildemente más compasivo y te aleja del cinismo de la crítica. Cada experiencia vivida en lo personal te sirve de guion con el prójimo. Así que, ¿qué mejor maestra que la inadecuación? que transmutada, hacia el amor y la inocencia, socava tu juicio hacia mí y rescata la compasión inherente de tu Ser.

La crítica es la escucha pormenorizada de uno mismo y del resto, es el manejo de información infundada y sucia, es la atención puesta en mil voces (que ni siquiera son tuyas y mucho menos son reales), es el argumento del impotente, es la creencia de que no vales y la inmadurez de comportarte como un niño indefenso que, como cree que no vale, se cree con derecho a afligir al otro con su moralidad. La crítica esconde, debajo de su conflicto de superioridad, una falta de amor (miedos convertidos en arma para atacar a otros) 

Trascender la crítica es ir de la arrogancia de creerse perfecto, a la sencillez de sentirse amado.

Cuando has trascendido la crítica eres capaz de contarme tus vergüenzas y, en esa liberación de dejar de ocultarte mientras me convertías en diana de tus defectos, encuentras la paz.

Una vez le dije a un cínico:» siempre andas criticando a todo el mundo»; a lo que él respondió: «no, tan sólo a unos cuantos que son unos necios»

No hay mayor necedad que creerse separado del resto, asumiendo virtudes que otros no tienen. 

Así que, si todavía sientes miedo a la crítica y te invade la necesidad de vivir aparentando, es porque quizás no has hecho las paces con la otra cara de la moneda.

Te propongo:

1. Humildad y bondad: llénate de respeto y gratitud, con gesto amable y compasivo hacia los demás. 

2. Empatía: te va ayudar ponerte en el lugar del otro. 

3. Tolerancia: respetar otras opiniones te permite rebajar la crítica y el conflicto de pavo real. 

4. Solidaridad y cortesía: dos virtudes que te sacan de la insolencia cuando criticas. 

… y la más importante 

5. Honestidad e Integridad: éste último principio recoge todos los anteriores y, a su vez, suscita a la práctica contigo mismo. La integridad es la pureza original sin contacto con un mal o un daño, ya sea físico o moral. Es un derecho que todos deberíamos introyectar como cierto, el derecho a no ser objeto de vulneraciones. ¿Y qué mayor sentimiento de completitud que éste?